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Diana Vreeland, la mujer que transformó las editoriales de moda.

By Natalia Aristizabal

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Si vamos a hablar de historia de la moda, tendremos que remontarnos a París en 1903, año en que nació Diana Vreeland. Quizá por su nombre puede que algunos no la conozcan, pero se trata de la editora de moda más importante de nuestra historia, una mujer con talento y muchísimo carisma, con un gusto exquisito por la imagen, la estética y el estilo. Algo que la llevo a la cima, y por lo que todavía se le sigue rindiendo culto.

Diana Daziel nació el 29 de septiembre de 1903 en París. Su padre, Frederick Young Dalziel, era de origen inglés y su madre, Emily Key Hoffman, norteamericana. Diana nunca tuvo una buena relación con su madre quien constantemente bajaba su autoestima, haciendo comentarios comparativos con su hermana Alexandra, que tenia una gran belleza.

Diana Vreeland siempre fué una mujer muy original y con muy buen sentido del humor, a pesar de los constantes ataques de su madre por su particular rostro, esto se convirtió en su mejor arma, en vez de disminuir su confianza la empujó a forjar un carácter único e irrepetible. Transformó la inseguridad de su aspecto, en su herramienta de estilo. Y como no entraba en ningún molde de la época diseñó su propia personalidad, se reinventó a si misma y escribió el guión de su vida, frases como: “El estilo lo es todo. Es una manera de vivir. Sin el no eres nada.”

Ella con su familia se trasladaron a Nueva York donde desde pequeña empezó a estudiar danza y a disfrutar de una vida mas tranquila. Años después de su llegada a los Estados Unidos, Diana conoce al banquero Thomas Reed Vreeland con el que tuvo dos hijos. En aquellos años, Diana empezó a conocer personajes muy importantes del mundo de la moda y en sus constantes viajes a parís hizo una gran amistad con Coco Chanel.

 

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En una de las muchas fiestas a las que acudía Diana, su estilo personal llamó la atención en el elegante Saint Regis de Nueva York, Carmel Show editora de Harpers Bazar en ese momento se encontró a Diana Vreeland vestida con un traje de encaje blanco de Chanel y con rosas blancas en su pelo, inmediatamente se le acerca y le ofrece ser columnista de su revista con la columna Why dont you?, su nombre empezó a ser nombrado en el jet set internacional y así empezaría asesorar a personajes tan importantes como Jackeline Kennedy, también hizo grandes hallazgos en materia de moda; trajo a la fama diseñadores como Manolo Blahnik y descubrió a la modelo Twiggy.

 

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Una mujer que aun sin querer trabajar a favor del feminismo ayudó a cambiar el papel de la mujer. Ella decía: “Hay que tener estilo. El estilo te ayuda a bajar las escaleras. Te ayuda a levantarte en las mañanas”. Es una forma de vida, y según ella las mujeres norteamericanas estaban dormidas en ese sentido.

El lujo siempre estuvo a su lado, su obsesión por el rojo la llevó a decorar todos sus espacios vitales con este color de manera obsesiva.

 

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Diana Vreeland es probablemente, la figura más destacada dentro de la historia de las editoriales, hizo de Harper’s Bazaar y Vogue algo más que revistas de consejos de moda y belleza. En esa época, ese tipo de revistas daban a las mujeres consejos para hacer felices a sus maridos, cómo cocinar una torta de zanahorias y cómo cuidar a los hijos, “Diana revolucionó todo eso y puso a la mujer en su centro”. Y le demostró todo lo que podia llegar a conseguir y hacer cualquier mujer que se lo propusiera. Encontraba ideas en los detalles más inesperados y las convertía en tendencias indiscutidas.

Personajes de los años sesenta como Mick Jagger, Anjelica Huston, o Ve­rushka fueron portada de Vogue donde empezó a mostrar su fascinación por rostros, de facciones fuertes, diferentes a todas las imágenes que se trasmitían en las revistas con un concepto de belleza superior. Hizo que estuviera bien visto que las mujeres fueran llamativas, ambiciosas y extravagantes, no sólo hermosas. Combinó lo mundano, lo elegante y lo mediocre. Y constantemente decía “Demasiado buen gusto aburre”.

Siempre trato de cambiar el concepto de belleza que se tenia en esa época, pues consideraba la imperfección como una cualidad. Después de 26 años en la redacción de Harper’s Bazaar donde había empezado en el 1936, en el 62 pasa a Condé Nast convirtiéndose en la directora de la revista Vogue donde se estuvo hasta 1971 demostrando que podía cambiar radicalmente lo vacías que eran las revistas de moda femeninas y llegar a elevar la fotografía a categoría de arte. Tuvo demasiada influencia en la música, el cine, las modelos y los fotógrafos y animó a la gente a tener pasión y criterio por la moda, poniendo límites personales en el vestir, porque sabía de moda pero no se quedaba atascada en ella.

 

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Luego de finalizar su colaboración con Vogue, Con 70 años vivió su acto más exitoso, le ofrecieron ser consultora del Metropolitan Museum de Nueva York (MET). En la última etapa de su vida consiguió que el MET se rindiera a su talento y que los diseñadores fueran reconocidos como artistas de su tiempo.

 

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Por su gran estilo, en el 1965 el nombre de Diana Vreeland fue añadido al listado de Hall of Fame del listado internacional de las mujeres mejor vestidas. Gran defensora del estilo personal, más allá de la edad o las características físicas de uno mismo. “No intentes ser otra persona, simplemente muestra lo mejor de ti”

 

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Diana Vreeland falleció rodeada de sus familiares y amigos más íntimos. Nos enseñó que las mejores cosas de la vida son gratis. Y que tienen que ver más con la imaginación, la personalidad y la osadía, que con ninguna de las cosas que se venden en las revistas.

Su legado vive e impacta el actual mundo editorial. En 2011, se presentó un documental sobre su vida en el Festival de Cine de Venecia, Diana Vreeland:” The eye has to travel” recopila con nostalgia, las grandes hazañas de una gran mujer.

 

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Solo hay una vida buena: la que sabes que deseas y te construyes tú mismo”

 

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